Verdaderamente ha resucitado el Señor,
ALELUYA, ALELUYA!
Echavacoiz 11-4-07
Queridas Hermanas: Que la Pascua de Jesús llene de paz nuestras vidas y nos haga gustar el gozo de la entrega.
Hace unos días me llamó Carmen Ochoa y me comunicó la hermosa fecha que vais a celebrar, 150 años de vuestra presencia en Bilbao.
Desde el Carmelo de Echavacoiz, quiero unirme a esa fiesta, además, creo que tengo derecho a ello. De Bilbao disteis un pequeño salto a Pamplona, eran los tiempos de los Colegios Apostólicos, necesitabais hacer el esfuerzo de ofrecer continuidad a vuestra misión.
Hace más de 40 años que os conozco, pues, aunque alguna de vosotras, no lo creía posible, llevo ya 34 en el Carmelo. Puedo deciros que fue a vuestro lado donde yo aprendí a escuchar la voz de Dios, dónde descubrí que Dios me quería. Quizá no os acordéis ninguna, pero yo lo recuerdo como si fuera ahora mismo, aquel Cristo iluminado por una tenue luz roja o azul, al que todas las tardes íbamos a visitar, una vez acabado el estudio, fue para mí el primer encuentro con EL, y lo que me abrió el horizonte de la Vida Religiosa como posibilidad para mí.
Si esa experiencia ha sido muy importante para mí, no quiero dejar de recordar también la ayuda que desinteresadamente ofrecisteis a nuestras familias. Muchas de nosotras no hubiésemos podido salir a estudiar fuera de no haberos encontrado a vosotras. En este momento quiero hacerme portavoz de todas las que tuvimos la suerte de pasar por vuestro colegio de Pamplona. Estoy segura que todas ellas firmarían contentas mis palabras. GRACIAS HERMANAS.
En este momento tendría que llenar el papel de nombres, no lo voy a hacer, sólo os digo que recuerdo el nombre de todas las Hermanas con las que yo viví, y que desde aquí quiero enviarles mi más sincero agradecimiento. Algunas están ya en el Cielo, desde allí se unirán, sin duda a la fiesta, a las que todavía camináis por la historia os mando una abrazo lleno de agradecimiento.
150 años, son muchos años. En este momento, en que casi todas experimentamos la necesidad urgente de reestructurarnos, por falta de personas que puedan asumir nuestras múltiples tareas, es bueno que recordemos esos tiempos en los que éramos más y podíamos más, porque si entonces estaba el Espíritu de Dios acompañándonos, hoy es el mismo Espíritu el que nos anima a una confianza mayor, a confesar desde lo hondo de nuestro ser, que todo es GRACIA.
El día 18 estaré ahí, muy cerca de todas vosotras, con vosotras daré gracias a Dios, por todo lo que El a través de vosotras ha hecho en la Historia, por la gracia que ha derramado, por el Reino que ha creado.
Un abrazo grande para todas. Unidas en el Resucitado-Llagado, y en el anhelo de su Reino. Vuestra hermana.
Sagrario Fernández